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“Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.” José Ortega y Gasset
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11 nov 2016
9 mar 2016
24 ene 2016
10 bibliotecas digitales gratuitas
Gracias a la página universia.es nos encontramos con esta selección de bibliotecas digitales gratuitas que os pueden interesar. Aquí tenéis los enlaces
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16 mar 2015
9 feb 2015
11 jun 2014
Historia y Mito
Artículo de José Álvarez Junco publciado en El País el domingo 2 de marzo de 2014.
Continúa la batalla por la historia. Y continuará, porque, como ha escrito Richard Rorty, la lucha por el relato del pasado es la lucha por el liderazgo político. Me atrevería a matizarlo: es la lucha por la legitimidad, tanto de líderes como de instituciones. Cuando la Biblia narra la creación del hombre en primer lugar y de la mujer a partir de la extracción de una costilla suya —porque “no es bueno que el hombre esté solo”—, está legitimando la postergación y sumisión del género femenino; como cuando relata el pecado original está justificando la obligación de trabajar.
Me objetarán: pero la Biblia no es un libro de historia; es una narración legendaria, es puro mito; son hechos que no están avalados por evidencia alguna; aceptarlos o no es un acto de fe. De acuerdo. Pero es que el mito, no lo olvidemos, fue el origen de la historia y ha seguido estando íntimamente unido a ella hasta hoy mismo —y en dosis nada despreciables—.
Llamamos mito a un relato fundacional (M. Eliade), que describe “la actuación ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo memorable y lejano” (García Gual). El mito versa sobre las hazañas y penalidades de unos héroes y mártires que son los padres de nuestro linaje. Su conducta encarna los valores que deben regir de manera imperecedera nuestra comunidad. No es historia, claro, porque no se basa en hechos documentados. Pero de ningún modo es un mero relato de ficción, al servicio del entretenimiento, pese a que su belleza formal también pueda hacerle cumplir esa función. Responde, por el contrario, a una pregunta existencial (Lévi-Strauss): narra la creación del mundo, el origen de la vida o la explicación de la muerte. Está basado en oposiciones binarias: bien/mal, dioses/hombres, vida/muerte. Expresa deseos —que el héroe intenta llevar a la práctica—, perversiones y temores —encarnados en monstruos—, e intenta reconciliar esos polos opuestos para paliar nuestra angustia. El mito es, en términos del psicólogo Rollo May, un “asidero existencial”, algo que explica el sentido de la vida y de la muerte. No es, en modo alguno, inocuo. Está cargado de símbolos, de palabras y acciones llenas de significado. Y tiene gran interés, como cualquier antropólogo sabe, para entender las sociedades humanas.
La Historia —con mayúscula, es decir, como rama del conocimiento, no como mera sucesión de hechos— es un género radicalmente diferente. Porque es un saber sobre el pasado; quiere estar regida por la objetividad, alcanzar el status de ciencia, como otros campos del conocimiento humano. Nunca será una ciencia dura, desde luego, comparable a la Biología o a la Química, ni tendrá el rigor lógico de las Matemáticas; ante todo, porque se basa en datos interpretables, de origen subjetivo normalmente; pero, además, porque en su confección misma tiene mucho de narrativa, de artificio literario (Hayden White). Quiere ser, sin embargo, una narrativa veraz, basada en pruebas documentales que se interpretan a la luz de un esquema racional. No es pura literatura de ficción (pese a los intentos de S. Schama).
El mito, en cambio, no busca, ni aparenta buscar, un conocimiento contrastado de los hechos pretéritos. Su objetivo es dar lecciones morales, ser vehículo portador de los valores que vertebran la comunidad. Desde el punto de vista político, su importancia se deriva, por tanto, de que crea identidad, de que proporciona autoestima. Los individuos que sufren una amnesia total carecen de identidad. Y las comunidades humanas, cuando aceptan o interiorizan un relato sobre su pasado común —un relato cargado de símbolos, como el mito—, construyen a partir de él todo un marco referencial, al que se llama cultura, en el que consiste su identidad colectiva y que proporciona estabilidad y seguridad a sus miembros.
Historia y mito son, por tanto, dos formas radicalmente distintas de acercarse al conocimiento del pasado. Y, sin embargo, pese a ello, hay que reconocer, para empezar, que la historia tuvo su origen en el mito; y que, además, tampoco puede evitar desempeñar la función de crear identidad y proporcionar autoestima. Porque, al relatar nuestro pasado, legitima ciertas propuestas políticas, bien como retorno a situaciones pretéritas idealizadas o como derecho a alcanzar antiguas promesas.
En el mundo contemporáneo, el posterior a las revoluciones liberal-democráticas, el sujeto de la soberanía por excelencia ha sido la nación. Consecuentemente, los libros de Historia se han reorientado para hacerlos girar en torno al sujeto nacional. Porque los Estados hoy existentes se consideran encarnación de esa nación o comunidad ideal y, para legitimarse, proyectan hacia atrás la existencia de aquella mucho más de lo que una mente crítica aceptaría. En el caso español, en los manuales escolares de Historia que se usaban cuando la gente de mi edad éramos niños enseñaban que Viriato había luchado por la “independencia de España” frente a las legiones romanas, en el siglo II antes de Cristo, o que, por esa misma causa y en época cercana, los habitantes de Sagunto y Numancia habían preferido suicidarse colectivamente a rendirse, ante la aplastante superioridad de los sitiadores cartagineses o romanos, los cuales, al entrar, solo encontraron cadáveres y cenizas. No importaba que Sagunto fuera una colonia griega ni que ninguna fuente histórica directa testimonie la muerte de todos sus habitantes; Tito Livio, al revés, consigna que Aníbal tomó la ciudad al asalto y Polibio dice que consiguió en ella “un gran botín de dinero, esclavos y riquezas”. En cuanto a los numantinos, resistieron, según Estrabón, heroicamente, “a excepción de unos pocos que, no pudiendo más, entregaron la muralla al enemigo”. Tampoco suele dedicarse un instante a reflexionar sobre si Viriato, “pastor lusitano”, podría comprender el significado del concepto de “independencia”, ni aun el de la palabra “España”, porque, en sus montañas de la hoy frontera portuguesa, difícilmente habría visto un mapa global ni tenido idea de que vivía en una península.
El historiador nacionalista —dan ganas de poner comillas al primero de estos dos términos— deja de lado todos esos datos porque lo único que le importa es demostrar la existencia de un “carácter español”, marcado por un valor indomable y una invencibilidad derivada de su predisposición a morir antes que rendirse, persistente a lo largo de milenios. Y digo bien milenios, porque el salto habitual, desde Numancia y Sagunto, suele darse hasta Zaragoza y Gerona frente a las tropas napoleónicas; y vade retro a aquel que se atreva a objetar, por ejemplo, que todo el territorio “español” —godo— se abrió sin ofrecer una resistencia digna de mención ante los musulmanes, tras una única batalla junto al Estrecho. Al historiador nacionalista le importa, en definitiva, dejar sentado, por usar términos que gustan al actual presidente del Gobierno, que España es “la nación más antigua de Europa”; o del mundo.
Como la imaginación de la que estamos dotados los humanos es, desgraciadamente, bastante limitada (pobres de nosotros de haberse hecho realidad aquello de “la imaginación al poder”), los topoi mitológicos son relativamente pocos; y se repiten. Volviendo a Sagunto y Numancia, hay que recordar que el caso canónico, mucho más conocido que el español, sobre una ciudad sitiada que decide inmolarse ante el imparable ataque enemigo, es el de la fortaleza judía de Masada, cuyos defensores se dieron muerte antes que rendirse a los romanos. El relato de Josefo, única fuente directa sobre el tema, menciona, de todos modos, algunas excepciones a aquel suicidio colectivo; y la evidencia arqueológica no ha aportado prueba alguna de la hecatombe. Pero no terminan aquí las imitaciones. Dos Historias de Galicia de mediados del XIX, las de José Verea y Aguiar y Benito Vicetto, incluyeron el episodio del Monte Medulio, donde los celta-galaicos, tras resistir heroicamente frente a la abrumadora superioridad romana, acabaron entregándose también a la orgía suicida. Eran los mártires que el galleguismo necesitaba en su despertar nacionalista.
Pero las otras versiones ibéricas de la mitología nacionalista que se disfraza de historia, tantas veces mimetizadas de la españolista, pueden dejarse para otra ocasión.
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9 may 2014
23 sept 2013
BE HAPPY: UN PEQUEÑO LIBRO QUE TE AYUDA A SER FELIZ
Una amiga de facebook compartió este vídeo tan chulo y yo lo quiero compartir con todos mis alumnos, para que empecemos el curso con muchas energías, buenas vibraciones y muchas ganas de que todo salga chapó. ¡Ánimo!
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12 sept 2013
Memoria histórica y enseñanza de la Historia
Joaquim Prats
Publicado en http://anatomiadelahistoria.com
el 22 de mayo de 2011
Creo que era Borges quien decía que
la memoria es como un saco
de espejos rotos.
La memoria personal se constituye
en fragmentos emotivos que seleccionan lo que se quiere recordar y borran, en
ocasiones totalmente, aquello que se desea olvidar. Ninguno de los fragmentos
refleja el conjunto de la realidad pasada y, en ocasiones, la desfiguran.
Si es así la memoria individual, qué
decir de la memoria colectiva, la tan debatida memoria histórica a la que, algunos, quieren dar carta de naturaleza en los contenidos
curriculares de algunas etapas educativas.
De hecho, hay pensadores que la
reivindican para combatir las manipulaciones que se cometen en la escritura de “historias
oficiales” institucionalizadas. Es cierto que hay olvidos que son usados para
ciertos fines de ocultación de las represiones de las dictaduras y que sirven a
los que, de manera interesada, han defendido los perdones y amnistías que han
seguido a los grandes crímenes al siglo XX. Son estrategias que propugnan el “olvido
feliz”. En estos casos sí que es aceptable, como dice Ricoeur, un “uso
inteligente del recuerdo y de la memoria social como medio para la liberación”.
Pero el problema de la memoria va más allá de recordar o no. Todos tenemos
derecho a recuperar nuestro pasado, pero no hay razón para erigir el culto a la
memoria por la memoria; sacralizar la
memoria es otro modo de hacerla estéril.
Incluso es posible llegar a pensar
que la promoción de la memoria histórica puede devenir en reaccionaria, ya que
desde Heidegger hasta Jung, pasando por Ortega y Gasset, la han convertido en
la base de nuestra identidad humana. Es un tema interesante de reflexión y,
probablemente, sea un excelente dilema para alcanzar una posición intelectual
inteligente (racional) ante el actual debate de la “memoria histórica”
impulsada por los partidos políticos.
Pese a todo, se puede aceptar que
la recuperación de la memoria social puede tener claras funciones de saneamiento de las sociedades
que han sufrido traumas históricos. Puede ser educativo incorporar al alumnado
en procesos que suponen renunciar al “olvido” interesado. Pero no debe confundirse
este tipo de actividades, que pueden tener sentido en la formación de la
conciencia social, con la provechosa enseñanza de la Historia como ciencia
social.
La controversia científica se
centra en la distinción que debe realizarse entre memoria e Historia. La memoria histórica es un proceso
estrictamente individual, biográfico, y que, por tanto, no puede ser tildada de
conocimiento histórico más que por metonimia. Memoria e Historia tienen poco
que ver entre sí, aunque solamente fuese por escala. La Historia de “buenos y
malos”, de “víctimas y verdugos” puede servir como mero argumentario para reafirmar
ideas políticas, incluso para entender una parte de nuestro presente, y fijar
nuestro compromiso. Pero no contribuye a la aceptación y a la comprensión.
Para que la llamada memoria histórica llegue a ser
provechosa e inspiradora de aprendizajes, el requisito fundamental es que sea
verificada y pensada a través de la Historia. De hecho, la Historia [científica] es una
trituradora de memoria que la digiere para poder producir conocimiento. La
trituración de las memorias no se produce por la distancia en el tiempo, sino
por la aplicación de método y teoría histórica sobre el recuerdo, el vestigio o
la fuente. Nunca los hechos fueron
realmente como se recuerdan.
La memoria histórica es en realidad
un combustible para la caldera de la Historia , ya que si la
Historia solo fuese memoria, ya no sería Historia. Para serlo
debe combinar los planos individuales, épicos y personales etc., con planos,
sociales, temporales e incluso seculares. Trabajar la memoria histórica con los
estudiantes plantea a los profesores un reto de gran interés didáctico: la
combinación de lo micro y lo macro considerados holísticamente, lo que supone
que una escala y una parte no se explican sin las otras. Por lo tanto, lo
recordado no se podrá explicar por sí solo, y lo concreto, las memorias, serán
plurales y contrastadas. Pero, hay que insistir, no explicarán nada por sí
mismas.
Por todo lo señalado, a pesar de
las propuestas memorialísticas, que se enmarcan en el debate político, en campañas
contra un juez que pretende restituir la dignidad de las víctimas de la
Guerra Civil , o en la fuerte
presencia de estas cuestiones en los debates mediáticos, se debe mantener una
prudente distancia y autonomía relativa en la enseñanza con estos temas, tan
potentes, como contingentes. Además, me atrevo a afirmar que los currículos y
la mayoría de los libros que utiliza el alumnado de ESO y Bachillerato contienen
explicaciones de gran rigor y cientificidad, también de los hechos dramáticos
de nuestra historia reciente. Hay que recuperar la potencia de la racionalidad
de la materia histórica (con mayúsculas) como contenido fundamental de la educación. Sobre todo, porque el
conocimiento de la Historia
es mucho más transformador y revolucionario que recrearse en los recuerdos o
las memorias de unos contra los otros.
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17 feb 2013
Patrimonio Industrial
Los alumnos de Tercero están haciendo una página web sobre el patrimonio industrial de nuestro concejo. Esperamos acabarla al final de este trimestre. Poco a poco cargaremos información y fotografías hechas por nosotros mismos.
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Trabajos de alumnos
7 feb 2013
Un pueblo sin arte es un pueblo sin alma
Vídeo realizado por MASTARTÍSTICAS (Docentes de Música y Educación Plástica)
¿Cómo pintaré lo que siento?, ¿Cómo canteré lo que pienso?
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20 dic 2012
Filmoteca de RTVE
RTVE.es estrena la web de la Filmoteca. Descubre este impresionante archivo audiovisual |
Más de más de 700 horas de la historia de España, con una cantidad enorme de documentales casi inéditos de la I Guerra Mundial y mucho más. Pincha en la imagen para acceder
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5 dic 2012
Pioneras de la Democracia
EL PAÍS
Reunimos a seis de las 27 mujeres que había en las Cortes cuando se creó la Carta Magna de 1978
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España en el siglo XX
29 nov 2012
10 oct 2012
Modelo Educativo
Francisco Pérez Fernández. Profesor de la Universidad Camilo José Cela
Los chicos están alicaídos porque, la verdad, llevo un día espeso y no consigo funcionar. La clase decae y decido incendiar el aula a cuenta del comentario que me hace uno de ellos: "hay que tener cultura general para ser mejor persona". Le pincho:
-¿Y tu crees que saberte de carrerilla los ríos de España te hace mejor persona?
Los chicos están alicaídos porque, la verdad, llevo un día espeso y no consigo funcionar. La clase decae y decido incendiar el aula a cuenta del comentario que me hace uno de ellos: "hay que tener cultura general para ser mejor persona". Le pincho:
-¿Y tu crees que saberte de carrerilla los ríos de España te hace mejor persona?
-Es un conocimiento necesario.
-¿Para qué? -yo, malicioso- ¿Para participar en los concursos de la televisión?
El aula se incendia. El alumno se ha molestado porque ha decido tomarse por el lado personal lo que, en realidad, no es otra cosa que un comentario escéptico sobre el modelo educativo patrio. Decido remachar el clavo: -En realidad, muy a menudo tengo la impresión de que durante la Primaria y la Secundaria me pase un montón de años aprendiendo cosas perfectamente inútiles, que no me han servido de nada en la vida y que, en general, se me han ido olvidando con el paso de los años. A Dios gracias.
Las llamas crecen. El murmullo aumenta en intensidad. Son alumnos de primero de carrera y todavía no están acostumbrados a la iconoclastia tópica de la Universidad. Hacen aspavientos. Hay enfado. Gestos de fastidio e incomodidad. En el fondo les ocurre que no quieren reconocer que llevan un montón de años perdiendo el tiempo sumergidos en el salazón de un sistema educativo caduco, maniqueo y manipulador, que pierde el tiempo en uniformizar sujetos por la vía de un conocimiento memorístico, torpe e inútil, en lugar de en formar personas sensatas, racionales, capaces y con recursos que les permitan aprender, encarar situaciones y mejorar.
-¿Para qué quieres perder el tiempo en aprender de memoria cosas que se encuentran en cualquier enciclopedia de consulta y de las que seguramente te acabes olvidando por falta de uso? -Prosigo. Detecto la perplejidad en su rostro e insisto.
-Para saber que existen, digo yo...
-Vale. Tu has venido a estudiar Psicología sin saber que existía, ¿no? Porque esto no se muestra en muchos institutos.
-Bueno... Eh... En el mío no.
-¿Por qué has venido entonces?
-Me enteré por ahí, me interesaba y me informé.
-Entonces nunca has necesitado que te digan en el colegio qué es lo interesante o lo que, en tu opinión, te va a hacer mejor persona. Lo has decidido tu solo.
-Sí...
-¿Me podrías, por cierto, decir de carrerilla cuáles son los principales ríos de España?
-Tajo... Ebro... Guadiana... Bueno, no sé ahora...
-Gracias.
-¿Para qué? -yo, malicioso- ¿Para participar en los concursos de la televisión?
El aula se incendia. El alumno se ha molestado porque ha decido tomarse por el lado personal lo que, en realidad, no es otra cosa que un comentario escéptico sobre el modelo educativo patrio. Decido remachar el clavo: -En realidad, muy a menudo tengo la impresión de que durante la Primaria y la Secundaria me pase un montón de años aprendiendo cosas perfectamente inútiles, que no me han servido de nada en la vida y que, en general, se me han ido olvidando con el paso de los años. A Dios gracias.
Las llamas crecen. El murmullo aumenta en intensidad. Son alumnos de primero de carrera y todavía no están acostumbrados a la iconoclastia tópica de la Universidad. Hacen aspavientos. Hay enfado. Gestos de fastidio e incomodidad. En el fondo les ocurre que no quieren reconocer que llevan un montón de años perdiendo el tiempo sumergidos en el salazón de un sistema educativo caduco, maniqueo y manipulador, que pierde el tiempo en uniformizar sujetos por la vía de un conocimiento memorístico, torpe e inútil, en lugar de en formar personas sensatas, racionales, capaces y con recursos que les permitan aprender, encarar situaciones y mejorar.
-¿Para qué quieres perder el tiempo en aprender de memoria cosas que se encuentran en cualquier enciclopedia de consulta y de las que seguramente te acabes olvidando por falta de uso? -Prosigo. Detecto la perplejidad en su rostro e insisto.
-Para saber que existen, digo yo...
-Vale. Tu has venido a estudiar Psicología sin saber que existía, ¿no? Porque esto no se muestra en muchos institutos.
-Bueno... Eh... En el mío no.
-¿Por qué has venido entonces?
-Me enteré por ahí, me interesaba y me informé.
-Entonces nunca has necesitado que te digan en el colegio qué es lo interesante o lo que, en tu opinión, te va a hacer mejor persona. Lo has decidido tu solo.
-Sí...
-¿Me podrías, por cierto, decir de carrerilla cuáles son los principales ríos de España?
-Tajo... Ebro... Guadiana... Bueno, no sé ahora...
-Gracias.
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18 jun 2012
28 may 2012
7 may 2012
9 ene 2012
Un invento revolucionario
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6 nov 2011
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